Clases gratuitas en el Anhangabaú deconstruyen roles de género, acogen a quienes van solos y convierten el forró en una gran red de apoyo en el corazón de São Paulo.
¿Tienes ganas guardadas en un cajón de aprender a bailar forró, pero siempre aparece la excusa del "es que no tengo pareja" o "soy demasiado rígido para bailar"? Pues bien, ya puedes olvidarte de eso. Si quieres lanzarte a la pista sin miedo a equivocarte en el paso, el colectivo Forró do Bom es tu nueva cita obligatoria en São Paulo.
Cada jueves por la noche, el concreto del Vale do Anhangabaú, en pleno corazón de la capital paulista, se transforma en un verdadero salón de baile al aire libre. El objetivo del proyecto es democratizar el acceso a la cultura y al movimiento de una forma completamente sencilla y sin complicaciones.
No necesitas inscribirte con antelación, no pagas ninguna mensualidad y, desde luego, no hace falta que llegues acompañado. Solo tienes que aparecer, esbozar una sonrisa y unirte a la rueda.
De domingos vacíos a noches repletas: la historia del colectivo
Esta ocupación urbana nació en 2022, aunque el panorama inicial era muy distinto al de hoy. La creadora del proyecto, Ellen Trizi —profesora y productora cultural con más de dos décadas dedicadas al forró y múltiplemente premiada en su campo—, cuenta que los primeros encuentros tenían lugar los domingos a la hora del almuerzo.
Ella y su hermano Felipe pasaban horas tocando música para un valle prácticamente desierto. El punto de inflexión llegó cuando estudiaron el flujo de personas en la ciudad y trasladaron el evento a las noches de los jueves. El éxito fue inmediato y, hoy en día, la pista se llena semana tras semana.
Los primeros pasos (llueva o haga sol)
La dinámica de las clases está pensada para acoger a todo el mundo, desde el nivel cero hasta el forrozero más experimentado. Si nunca has dado un "dos para allá, dos para acá" en tu vida, tu horario de entrada es a las 20:00 h.
Esa primera hora de clase está dedicada íntegramente a los principiantes. Es el momento de aprender lo básico con mucha paciencia: cómo abrazar a la pareja, la postura correcta, el marcaje y ese primer girillo que te permite salir bailando esa misma noche.
Justo después llega la clase intermedia, con secuencias algo más complejas, en la que puedes participar activamente o simplemente dejarte llevar por el ambiente que se respira.
Y no hay excusa que valga aunque el tiempo se ponga en contra en la tierra de la garúa: cuando llueve, la clase no se cancela, simplemente se traslada bajo el Viaduto do Chá o a la Galería Prestes Maia. ¡Lo importante es que el zabumba no pare!
El fin del "dama y caballero"
Lo que hace tan especial a Forró do Bom no es únicamente la gratuidad, sino la manera moderna y respetuosa de enseñar baile en pareja. Olvídate de esa norma rígida y anticuada de "dama y caballero". La didáctica del proyecto deconstruye los roles de género: allí la regla es que una persona conduce y la otra es conducida, independientemente de quién seas.
El proyecto defiende activamente un entorno seguro y libre de acoso.
"Siempre estamos educando. Educando a los hombres sobre lo que está permitido y lo que no, y educando a las mujeres para que sepan cuál es su límite, qué les resulta cómodo y qué no, para construir una escena más acogedora. No estamos ahí solo para enseñar a bailar, sino para educar a través de la cultura", explica Ellen.
No es de extrañar que sea muy habitual ver a alumnas veteranas aprendiendo a conducir e invirtiendo los roles tradicionales, o a alumnos más antiguos llegando pronto al Vale únicamente para ayudar a recibir con cariño a quienes pisan el asfalto para bailar por primera vez.
Mucho más que baile: la pista como red de apoyo
Precisamente gracias a ese acogimiento genuino, el proyecto adquiere una dimensión mucho mayor que la de una simple clase. En una metrópolis que muchas veces enferma y aísla a las personas, la pista de forró se ha convertido en un auténtico espacio de sanación y conexión humana.
Ellen comparte el lado más sensible de esta ocupación urbana:
"Hay mucha gente que está atravesando procesos de depresión, lidiando con separaciones difíciles, y termina viniendo a las clases. Mucha gente viene a decirme que el forró les salvó la vida. Me alegra muchísimo y me impresiona comprobar cómo somos capaces, a través de un proceso accesible y del arte, de salvar a tanta gente".
Ya sea para sanar un corazón roto, hacer nuevos amigos, encontrar un amor o simplemente sudar la camiseta después del trabajo, el mensaje está claro: el forró es de todos, es gratuito y te está esperando.













